El caso Eli Díaz: tan igual y tan distinto al de Romina Tejerina
Por Irina Santesteban
Diario La Arena (La Pampa)
¿Habrá condena al violador?
En esta segunda etapa, la del juicio a Arturo Benavídez, se verá si la justicia es completa. Pues no sólo es necesario comprender lo que significa el infanticidio como resultado de un embarazo no deseado y fruto de una relación de abuso y violencia; sino que sólo habrá justicia si además de erradicar el abuso hacia los niños, niñas y adolescentes, se juzga, condena y encarcela a los abusadores. Esta última parte es la que cuesta tanto lograr que se cumpla en nuestro país.
A pesar de que cada día se conocen y se denuncian más casos de niñas y niños abusados, son muy pocos los juicios y menos aún, las condenas.
La posición de la jerarquía de la Iglesia Católica y los sectores más conservadores ligados a ella, no ayuda y el caso del cura Grassi, es un ejemplo, quien pese a las graves acusaciones por las que está siendo juzgado, todavía no ha sido separado de su función como sacerdote. Hay que esperar la sentencia condenatoria, dice la Iglesia.
Y frente a esta posición benigna para con sus hombres acusados de abuso, la Iglesia mantiene una cerrada negativa a aceptar que la figura del infanticidio sea incluida nuevamente en el Código Penal, luego de su desaparición en 1994. Ello a pesar que el infanticidio es un crimen que se da casi siempre en embarazos no deseados y frutos de violación o abuso.
En Jujuy, bajo la influencia de la Iglesia, una buena parte de la población piensa que Romina está bien condenada, por haber matado a su hija recién nacida. Sin embargo, en el caso de la jujeña, su violador nunca fue juzgado y sólo permaneció 23 días preso. Tampoco se permitió, como lo pidiera oportunamente la defensa, hacer el ADN al cuerpo de su hija muerta, para corroborar que era hijo de quien Romina señalaba como su violador.
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